Que opinan o piensan acerca de "otras dimensiones" ?

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Que opinan o piensan acerca de "otras dimensiones" ?

Mensaje por Sr Barbosa el Lun Mar 30, 2015 11:56 am

Hola compañeros de Drarknillion, se dice por ahi que existen "otras dimensiones", una segunda dimensión, una tercera y en algunos casos hasta muchas mas, dimensiones desconocidas, dimensiones paralelas, etc, Que opinan ustedes acerca de esto?

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Re: Que opinan o piensan acerca de "otras dimensiones" ?

Mensaje por Drark el Miér Abr 01, 2015 11:22 am

Es un tema un tanto complicado para abordar. Porque todo depende a lo que se haga referencia.
Pero tratando de interpretarte vamos a tratar específicamente sobre las dimensiones supuestas de la "realidad". Todos conocemos las tres dimensiones, alto, ancho y largo. A esto debemos agregarle la cuarta dimensión determinada por el espacio y el tiempo. Que está en discusión, que podrían haber más, claro que puede ser, pero el debate lo tiene la ciencia. Yo por mi parte opino que es relativo. Habra dimensiones que están pero que no afectan visiblemente a la realidad? No estoy en condiciones de determinar cuantas y cuales pueden ser las dimensiones que conforman la realidad. Aunque te diría que son muchas, todo es una parte, todo es un aspecto de la realidad.
Si hay dimensiones paralelas capaces de palparse en cosas concretas y materiales? No lo sé. Este mundo es tan extraño y misterioso.
Quizás en otros espacios donde el tiempo se "comporte" diferente podamos entender que hay otra dimensión, como así hay formaciones magnificas debajo de los océanos como si estuvieras en un mundo nuevo, yo creo que así también o incluso mas impresionante y delirantes pueden ser las formas, colores y sensaciones en algún punto del universo aun no explorado, tanto como para modificar la supuesta realidad como la vemos, encontrando otros ángulos, bifurcaciones, donde conceptos como principio y fin, o bien y mal quedan alejados de lo que pensamos ya que allí no accede ideas de morales del hombre, ni criticas, no es algo que podamos juzgar.
Mi experiencia me demuestra que en cuanto a los sueños, lo abstracto, las ideas y pensamientos, pueden contener en si dimensiones extrañas a los que no estamos acostumbrados a concebir su existencia si no es de forma inconsciente.
Es un tema extenso.

Aprovecho para preguntarte algo Sr. Barbosa, usted hizo una solicitud para ser Moderador? me llego un correo diciéndome que un usuario lo había solicitado pero aunque vaya al link que aparecía no me decía en ningún lado quien era ese usuario.
Simplemente para saber.

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Re: Que opinan o piensan acerca de "otras dimensiones" ?

Mensaje por Sr Barbosa el Jue Abr 02, 2015 3:04 pm

En primer lugar gracias por la respuesta, veo que es un tema complejo que puede ser abordado de muchas maneras, yo ciertamente no domino ninguna de esas formas de abordaje pero lo que si me da es mucha curiosidad la idea de que existan otras dimensiones que pertenezcan a la realidad aunque no puedan ser comprendidas del todo y que estando allí nos puedan afectar, tomando el ejemplo de los espacios en los cuales el tiempo se comporta de forma distinta, eso ya estaria desequilibrando toda la realidad que damos por cierta, el tiempo no seria tiempo o no seria como nosotros lo percibimos y con ese criterio, claro podria ser considerado como otra dimension, mas alla de lo que la mente humana pueda crear o interpretar.
Si existieran otras dimensiones paralelas capaces de percibirse con los sentidos.... no seria algo con similitud al juego de la copa en el cual el objetivo es comunicarse con seres del mas alla que no podemos ver pero si podemos sentir? Esos seres estan en otra dimension que se conecta con la nuestra o estan en la misma dimension y por eso nos podemos contactar con ellos? Capas que no y no tiene nada que ver pero evidencia una ruptura en la linea de la realidad y de seguro en ello se ocultan misterios fascinantes.

Con respecto a la pregunta no hice ninguna solicitud. Gracias nuevamente por el comentario, entiendo que es un tema amplio.


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Re: Que opinan o piensan acerca de "otras dimensiones" ?

Mensaje por INDIO el Lun Abr 06, 2015 6:43 pm

te recomiendo que leas "los perros de tindalos". Te lo dejo a continuación ya que no lo puedo subir el pdf jaja. Saludos


LOS PERROS DE TÍNDALOS

FRANK BELKNAP LONG



I

—Me alegra que hayas venido —dijo Chalmers.

Estaba sentado junto a la ventana, muy pálido. Junto a uno de sus brazos ardían dos velas casi

derretidas que proyectaban una enfermiza luz ambarina sobre su nariz larga y su breve mentón. En el

apartamento de Chalmers no había absolutamente nada moderno. Su propietario tenía el alma

medieval y prefería los manuscritos iluminados a los automóviles, y las gárgolas de piedra a los

aparatos de radio y a las máquinas de calcular.

Retiró, en mi obsequio, los libros y papeles que se amontonaban en un diván y, al atravesar la

estancia para sentarme me sorprendió ver en su mesa las fórmulas matemáticas de un célebre físico

contemporáneo junto con unas extrañas figuras geométricas que Chalmers había trazado en unos

finos papeles amarillos.

—Me sorprende esta coexistencia de Einstein con John Dee —dije al apartar la mirada de las

ecuaciones matemáticas y descubrir los extraños volúmenes que constituían la pequeña biblioteca de

mi amigo. En las estanterías de ébano convivían Plotino y Emmanuel Mascópoulos, Santo Tomás de

Aquino y Frenicle de Bessy. Las butacas, la mesa, el escritorio estaban cubiertos de libros y folletos

sobre brujería medieval y magia negra, así como de textos sobre todas las cosas hermosas y audaces

que rechaza nuestro mundo moderno.

Chalmers me ofreció, sonriendo, un cigarrillo ruso y dijo:

—Estamos llegando ahora a la conclusión que los antiguos alquimistas y brujos tenían razón en

un setenta y cinco por ciento, y los biólogos y los materialistas modernos están equivocados en un

noventa por ciento.

—Usted siempre se ha tomado un poco a broma la ciencia de hoy —repuse, con un leve gesto de

impaciencia.

—No —contestó—. Sólo me he burlado de su dogmatismo. Siempre he sido un rebelde, un

campeón de la originalidad y de las causas perdidas. No te extrañe, pues, que haya decidido repudiar

las conclusiones de los biólogos contemporáneos.

—¿Y qué me dice usted de Einstein? —pregunté.

—¡Un sacerdote de las matemáticas trascendentes! —murmuró con respeto—. Un profundo

místico, un explorador de reinos inmensos cuya misma existencia sólo ahora se empieza a sospechar.

—Entonces no desprecia usted la ciencia por completo.

—¡Claro que no! Lo que no me inspira confianza es el positivismo de estos últimos cincuenta

años, ni tampoco las ideas de Haeckel ni de Darwin ni de Bertrand Russell. Creo que la biología ha

fracasado lamentablemente cuando ha intentado explicar el origen y el destino del hombre.

—Deles usted un margen de tiempo.

Los ojos de Chalmers despidieron chispas:

—Amigo mío —murmuró—, acabas de hacer un juego de palabras verdaderamente sublime.

¡Deles usted un margen de tiempo! Yo se lo daría encantado, pero precisamente cuando les hablas de

tiempo, los modernos biólogos se echan a reír. Poseen la llave, pero se niegan a utilizarla. ¿Qué

sabemos del tiempo? Einstein lo considera relativo y cree que se puede interpretar en función del

espacio, de un espacio curvo. Pero no hay que quedarse ahí detenido. Cuando las matemáticas dejan

de prestarnos su apoyo, ¿acaso no se puede seguir adelante a base de... intuición?

—Ese es un terreno muy resbaladizo. El verdadero investigador evita siempre caer en esa trampa.

Por eso avanza tan despacio la ciencia moderna. Sólo admite lo que es susceptible de demostración.

Pero usted...

—Yo, ¿sabes lo que haría? Tomar hachís, opio, todas las drogas. Yo imitaría a los sabios

orientales y acaso así consiguiera...

—¿Consiguiera qué?

—Conocer la cuarta dimensión.

—¡Eso es pura teosofía, una estupidez!

—Puede que sí, pero estoy persuadido que las drogas consiguen aumentar el alcance de la

conciencia humana. William James está de acuerdo sobre este particular. Además, he descubierto

una nueva.

—¿Una nueva droga?

—Fue utilizada hace siglos por los alquimistas chinos, pero apenas se conoce en Occidente. Posee

ciertas propiedades ocultas verdaderamente asombrosas. Gracias a esta droga y a mis conocimientos

matemáticos, creo que puedo remontar el curso del tiempo.

—No comprendo qué quiere usted decir.

—El tiempo no es más que nuestra percepción imperfecta de una nueva dimensión espacial. El

tiempo y el movimiento son otras tantas ilusiones. Todo lo que ha existido desde el origen del

universo existe ahora también. Lo que sucedió hace milenios sigue sucediendo en otra dimensión

del espacio. Lo que sucederá dentro de milenios sucede ya. Si no lo podemos percibir es porque

tampoco podemos penetrar en la dimensión espacial donde sucede. Los seres humanos, tal como los

conocemos, no son sino partes infinitesimales de un todo inmenso. Cada uno de nosotros está unido

a toda la vida que le ha precedido en nuestro planeta. Todos nuestros antepasados forman parte de

nosotros. De ellos sólo nos separa el tiempo, y el tiempo es una ilusión.

—Creo que empiezo a comprender —murmuré.

—Basta con que tengas una vaga idea del asunto para poderme ayudar. Lo que pretendo es

arrancar de mis ojos el velo de la ilusión que los cubre y ver el principio y el fin.

—¿Y usted cree que esta nueva droga le serviría de algo?

—Estoy convencido de ello. Y pretendo que me ayudes. Quiero tomarla inmediatamente. No

puedo esperar. Tengo que ver —sus ojos lanzaron extraños destellos—. Voy a viajar en el tiempo.

Voy a retroceder en el tiempo.

Chalmers se levantó y tomó de encima de la chimenea un cofre cuadrado.

—Aquí tengo cinco gránulos de la droga Liao. Fue utilizada por el filósofo chino Lao-Tse y, bajo

su influencia logró contemplar el Tao. Tao es la fuerza más misteriosa del mundo. Rodea y penetra

todas las cosas y contiene en sí la totalidad del universo visible y todo lo que denominamos realidad.

El que logre contemplar el misterio del Tao sabrá todo lo que fue y todo lo que será.

—Fantasías —comenté.

—Tao es como un enorme animal reclinado e inmóvil que contiene en sí todos los mundos, el

pasado, el presente, el porvenir. A través de una hendidura que llamamos tiempo percibimos

sectores de ese monstruo terrible. Mediante esta droga voy a ensanchar la hendidura. Contemplaré

así el rostro mismo de la vida; veré la bestia entera, inmensa y agazapada.

—¿Y cuál será mi misión?

—Escuchar, amigo mío. Escuchar y anotar lo que escuche. Y si me alejo demasiado hacia el

pasado, me tendrás que sacudir violentamente para traerme de nuevo a la realidad. Si vieras que

estoy sufriendo dolores físicos intensos, me debes hacer regresar al instante.

—Chalmers —dije—, este experimento no me gusta nada. Va a correr usted un peligro terrible.

No creo en la cuarta dimensión y mucho menos en el Tao. Tampoco apruebo el uso de drogas

desconocidas.

—Para mí no es desconocida —repuso—. Conozco sus efectos sobre el animal humano y también

sus peligros. La droga en sí no es peligrosa. Yo lo único que temo es extraviarme en el abismo del

tiempo, porque has de saber que mi intención es colaborar activamente con la droga. Antes de

tomarla me concentraré en los símbolos geométricos y algebraicos que he trazado en este papel —

me enseñó el diagrama que tenía sobre las rodillas— y así prepararé mi espíritu para el viaje

transtemporal. Primero me aproximaré todo lo posible a la cuarta dimensión mediante el solo

esfuerzo de mi propio ego, y luego tomaré la droga que me dará el poder oculto de percepción. Antes

de penetrar en el mundo onírico del misticismo oriental dispondré de toda la ayuda matemática que

pueda ofrecerme la ciencia. La droga abrirá las puertas de la percepción y las matemáticas me

permitirán comprender intelectualmente lo que así perciba. Así mis conocimientos matemáticos y mi

aproximación consciente a la cuarta dimensión complementarán la pura acción de la droga. En mis

sueños ya he conseguido captar muchas veces la cuarta dimensión en forma intuitiva y emocional,

pero en estado de vigilia no he sido después nunca capaz de recordar el resplandor oculto que me era

revelado momentáneamente en sueños. Creo, sin embargo, que con tu ayuda podré hacerlo esta vez.

Tu anotarás todo lo que diga durante mi trance, por muy extraño e incoherente que te parezca. A mi

regreso espero poder proporcionarte la clave de todo lo que no hayas entendido. No estoy seguro de

mi éxito, pero, si lo tengo —sus ojos volvieron a despedir un extraño fulgor—, ¡el tiempo ya no

existirá para mí!

De pronto, se sentó.

—Voy a hacer el experimento ahora mismo. Ponte, por favor, junto a la ventana y no dejes de

vigilarme. ¿Tienes pluma?

Asentí hoscamente y saqué mi pluma Waterman verde claro del bolsillo superior de la chaqueta.

—¿Y has traído algo donde escribir, Frank?

De mala gana saqué una agenda.

—Insisto enérgicamente una vez más en que no apruebo este experimento —gruñí—. Va a correr

usted un peligro terrible.

—¡No seas niño! —agitó un dedo ante mí—. Estoy decidido a hacerlo a pesar de todo lo que me

digas, y además a hacerlo ahora mismo. Por favor, estáte en silencio mientras medito sobre estos

diagramas.

Puso los dibujos ante sí y se concentró intensamente en ellos. En el silencio oí cómo el reloj de la

chimenea iba desgranando segundos. Una angustia indefinida me oprimía el pecho.

De pronto, el reloj se paró. En ese momento, Chalmers introdujo la droga en su boca y la tragó.

Rápidamente me aproximé a él, pero con la mirada me advirtió que no le interrumpiera.

—El reloj se ha parado —murmuró—. Las fuerzas que lo gobiernan aprueban mi experimento. El

tiempo se detuvo y yo tomé la droga. ¡Dios mío, haz que no me extravíe!

Cerró los párpados y se extendió en el sofá. Su rostro estaba exangüe, y respiraba con dificultad.

Era evidente que la droga estaba actuando extraordinariamente de prisa.

—Comienzan las tinieblas —murmuró—. Anótalo. Todo se está poniendo oscuro y se van

desdibujando los objetos familiares de la habitación. Aún los veo, pero borrosos, y se están

desdibujando rápidamente.

Sacudí la pluma estilográfica, pues la tinta fluía mal, y seguí tomando veloces notas taquigráficas.

—Abandono la habitación. Las paredes se disuelven como niebla. Ya no veo ninguno de los

objetos, pero todavía te veo la cara. Supongo que estarás escribiendo. Creo que estoy a punto de dar

el gran salto a través del espacio, o acaso del tiempo. No lo sé. Todo es confuso, incierto.

Permaneció en silencio durante algún tiempo, con la barbilla apoyada en el pecho. De pronto, se

puso rígido y abrió los ojos.

—¡Dios mío! —exclamó—. Veo.

Se hallaba todo contraído, tenso, mirando fijamente la pared que había frente a él. Pero yo sabía

que su mirada la atravesaba y que los objetos de la habitación no existían para él.

—¡Chalmers! ¡Chalmers! ¿Le despierto?

—¡De ninguna manera! —aulló—. ¡Veo todo! Ante mí veo los miles de millones de vidas que me

han precedido en este planeta. Veo hombres de todas las épocas, de todas las razas, de todos los

colores. Luchan, se matan, construyen, danzan, cantan. Se sientan en torno a la hoguera primitiva, en

desiertos grises, e intentan elevarse en el aire a bordo de monoplanos. Cruzan los mares en toscas

barcas de troncos y en enormes buques de vapor. Pintan bisontes y elefantes en las paredes de cuevas

lúgubres y cubren lienzos enormes con formas y colores del futuro. Veo a los emigrantes

procedentes de Atlántida y Lemuria. Veo a las razas ancestrales: a los enanos negros que invaden

Asia y a los hombres de Neanderthal, de cabeza inclinada y piernas torcidas, que se extienden por

Europa. Veo a los aqueos colonizando las islas griegas y contemplo los rudimentos de la naciente

cultura helénica. Estoy en Atenas y Pericles es joven. Me hallo en tierra italiana. Participo en el rapto

de las sabinas. Camino con las legiones imperiales. Tiemblo de respeto y de pavor cuando flamean

los gigantescos estandartes y el suelo trepida bajo el paso de los hastati victoriosos. Paso en una

litera de oro y marfil arrastrada por negros toros de Tebas y ante mí se prosternan mil esclavos y las

mujeres, cubiertas de flores, exclaman: «¡Ave César!». Yo les sonrío y saludo a la multitud. Soy

esclavo en una galera berberisca. Veo cómo, piedra a piedra, se va levantando una catedral.

Contemplo durante meses, durante años, cómo van colocando en su sitio cada uno de los sillares.

Estoy crucificado, cabeza abajo, en los perfumados jardines de Nerón y veo, con ironía y desprecio,

cómo funcionan las cámaras de tortura de la Inquisición. ¡Es un espectáculo divertido!

»Penetro en los más sagrados santuarios. Entro en el Templo de Venus. Me arrodillo, en

adoración, ante la Magna Mater y arrojo monedas al regazo de las prostitutas sagradas que, con el

rostro velado, esperan en los Jardines de Babilonia. Penetro en un teatro inglés de la época isabelina

y, en medio de una multitud maloliente, aplaudo El Mercader de Venecia. Paseo con Dante por las

estrechas callejuelas de Florencia. Mientras contemplo, arrobado, a la joven Beatriz, la orla de su

vestido roza mis sandalias. Soy sacerdote de Isis y mis poderes mágicos asombran al mundo. A mis

pies se arrodilla Simón Mago, implorando mi ayuda, y el Faraón tiembla ante mi sola presencia. En

la India hablo con los Maestros y huyo horrorizado, pues sus revelaciones son como sal en una

herida sangrante.

»Todo lo percibo simultáneamente. Todo lo percibo a la vez y desde todos los ángulos posibles.

Formo parte de los miles de millones de vidas que me han precedido. Existo en todos los seres

humanos y todos los seres humanos existen en mí. En un instante veo a la vez toda la historia del

hombre, el pasado y el presente.

»Mediante un pequeño esfuerzo soy capaz de contemplar pasados cada vez más lejanos. Ahora

me remonto hacia el mismo origen, a través de curvas y ángulos extraños. A mi alrededor se

multiplican los ángulos y las curvas. Hay grandes sectores de tiempo que los percibo a través de

curvas. Existe un tiempo curvo y un tiempo angular. Los moradores del tiempo curvo no pueden

penetrar en el tiempo angular. Todo es muy extraño.

»Sigo retrocediendo cada vez más. De la Tierra ya ha desaparecido el hombre. Veo reptiles

gigantescos agazapados bajo enormes palmeras y nadando en pútridas aguas negras. Ya han

desaparecido los reptiles. Ya no hay animales terrestres, pero veo perfectamente bajo las aguas

formas sombrías que se mueven lentamente entre las algas.

»Las formas que veo son cada vez más simples. Ahora los únicos seres vivos son células. A mi

alrededor hay cada vez más ángulos, ángulos totalmente ajenos a la geometría humana. Tengo un

miedo horrible. En la creación existen abismos en los que nunca ha penetrado el hombre.

Seguí sin perderle de vista. Chalmers se había levantado y gesticulaba como pidiendo ayuda. Al

poco volvió a hablar:

—Atravieso ángulos ajenos al espacio terrestre. Me aproximo al horror supremo.

—¡Chalmers! —exclamé—. ¿Quiere usted que intervenga?

Se llevó la mano al rostro, como para no ver una visión indeciblemente espantosa. Pero dijo

trabajosamente:

—¡Todavía no! Quiero seguir adelante... Quiero ver..., lo que hay..., aún más allá...

Tenía la frente cubierta de sudor frío y movía los hombros de modo espasmódico. Su rostro

espantado era de color gris ceniciento.

—Más allá de la vida existen cosas que no logro distinguir. Pero se mueven lentamente a través

de ángulos alucinantes.

En ese momento percibí por primera vez en la estancia un olor bestial e indescriptible,

nauseabundo, insoportable. Me lancé a la ventana y la abrí de par en par. Cuando volví al lado de

Chalmers y vi su expresión, estuve a punto de desmayarme.

—¡Me han olido! —lanzó un alarido—. ¡Lentamente se dan la vuelta hacia mí!

Todo el cuerpo le temblaba horriblemente. Durante un momento agitó los brazos en el aire, como

buscando un asidero, y luego le cedieron las piernas. Cayó al suelo, donde permaneció boca abajo,

sollozando, gimiendo.

En silencio contemplé cómo se arrastraba por el suelo. En aquellos momentos, mi amigo no era

un ser humano. Enseñaba los dientes y en las comisuras de la boca se le formó una espuma

blanquecina.

—¡Chalmers! —grité—. ¡Chalmers, basta ya! Basta ya, ¿me oye?

Como en respuesta de mi llamada, comenzó a emitir unos sonidos roncos y convulsivos,

semejantes a ladridos, y a caminar en círculo a cuatro patas por el suelo. Me incliné y le tomé por los

hombros. Le sacudí violentamente, desesperadamente, y él intentó morderme la muñeca. Me sentía

enfermo de horror, pero no le solté, pues temía que se destruyese a sí mismo en un paroxismo de

rabia.

—¡Chalmers! —murmuré—. Basta ya. Está usted en su habitación. Nada malo le puede suceder.

¿Comprende?

A fuerza de sacudirle y de hablarle, logré que la expresión de locura fuera desapareciendo de su

rostro. Tembloroso y convulsivo, quedó como un grotesco montón de carne en el centro de la

alfombra china.

Le ayudé a caminar hasta el sofá y a tumbarse en él. Su rostro estaba contraído de dolor y me di

cuenta que seguía luchando sordamente contra recuerdos espantosos.

—Whisky —murmuró—. Está ahí, en el mueble, junto a la ventana, en el cajón superior de la

izquierda.

Cuando le alcancé la botella, la asió con tal fuerza que los nudillos se le pusieron azules.

—Casi me atrapan —dijo con la voz entrecortada.

Bebió el estimulante a grandes tragos irregulares y poco a poco le fue volviendo el color a la cara.

—Esa droga —dije— es el diablo en persona.

—No era la droga —gimió.

Su mirada ya no era de loco. Ahora daba impresión de un profundo desaliento.

—Me han olido a través del tiempo —susurró—. He llegado demasiado lejos.

—¿Cómo eran? —pregunté para seguirle la corriente.

Se inclinó hacia mí y me agarró el brazo hasta hacerme daño. Otra vez fue dominado por

horribles temblores.

—¡No hay palabras para describirlos! —murmuró roncamente—. Han sido vagamente

simbolizados en el Mito de la Caída y en cierta forma obscena que a veces aparece grabada en

algunas tablillas arcaicas. Los griegos le daban un nombre que ocultaba la impureza esencial de esos

seres. La manzana, el árbol y la serpiente son símbolos del misterio más atroz.

Al cabo de unos momentos su voz se convirtió en un aullido:

—¡Frank! ¡Frank! ¡En el comienzo se consumó un acto terrible e inmencionable! Antes del

tiempo, el acto, y después del acto...

Comenzó a caminar histéricamente por la estancia.

—Las consecuencias del acto se mueven a través de ángulos en los oscuros recodos del tiempo.

¡Tienen hambre y sed!

—Chalmers —intenté razonar—, ¡estamos en el tercer decenio del siglo XX!

Pero él siguió ululando:

—¡Tienen hambre y sed! ¡Los Perros de Tíndalos!

—Chalmers, ¿quiere usted que llame a un médico?

—Ningún médico puede ayudarme. Son horrores del alma y, sin embargo —ocultó la cara entre

las manos—, son reales, Frank. Los vi durante un momento horrible. Durante un instante he llegado

a estar al otro lado. Me encontré en una ribera lívida, más allá del tiempo y del espacio. Había una

luz espantosa que no era luz y un silencio hecho de aullidos, y allí los vi. En sus cuerpos flacos y

famélicos se concentra todo el Mal del Universo. En realidad no estoy seguro que tuvieran cuerpo:

sólo los vi un instante. Pero los he oído respirar. Durante un momento indescriptible sentí su aliento

en mi cara. Se volvieron hacia mí y huí dando alaridos. En un solo instante huí a través de millones

de siglos.

Pero me han olido. Los hombres despiertan en ellos un hambre cósmica. Hemos escapado

momentáneamente del aura impura que los rodea. Tienen sed de todo lo que hay limpio en nosotros,

de todo lo que emergió inmaculado de aquel acto. En nosotros hay elementos que no participaron en

el acto y ellos los aborrecen. Pero no te imagines que son literal y prosaicamente malos. En el plano

donde habitan no existen el bien y el mal tal como nosotros los concebimos. Son lo que, en el

principio quedó desprovisto de pureza para siempre jamás. Al cometer el acto, se convirtieron en

cuerpos de muerte, en receptáculo de toda impureza. Pero no son malos en el sentido que nosotros

damos a esta palabra, porque en las esferas en que se mueven no existe pensamiento ni moral ni

bueno ni malo. Allí sólo existen lo puro y lo impuro. Lo impuro se expresa en ángulos; lo puro, en

curvas. El hombre, o mejor dicho, lo que hay en él de puro, procede de lo curvo. No te rías. Hablo

completamente en serio.

Me levanté para irme. Mientras iba hacia la puerta, dije:

—Me da usted mucha pena, Chalmers. Pero no estoy dispuesto a oírle delirar. Le enviaré a mi

médico. Es un hombre de edad, muy comprensivo, y no se ofenderá aunque usted lo mande al

diablo. Pero confío en que siga usted las indicaciones que le dé. Se pasa usted una semana

descansando en buen sanatorio y verá qué bien le sienta.

Mientras bajaba las escaleras le oí reír. Era una risa tan desprovista de alegría que me hizo llorar.



II

Cuando Chalmers me telefoneó a la mañana siguiente, mi primer impulso fue colgar

inmediatamente el receptor. Me llamaba para pedirme algo tan insólito, y tan anormalmente alterada

estaba su voz, que temí por mi propia cordura si seguía adelante con este asunto. Pero no pude dejar

de percibir la sinceridad de su angustia, y cuando se le quebró la voz y comenzó a sollozar, decidí

acceder a su petición.

—De acuerdo —dije—, ahora mismo voy y le llevo la escayola.

De camino hacia casa de Chalmers, me detuve en una droguería y adquirí diez kilos de escayola.

Al entrar en el cuarto de mi amigo, le vi agazapado junto a la ventana, contemplando la pared de

enfrente con ojos afiebrados por el terror. Cuando me vio entrar, se puso en pie y me arrebató el

paquete de la escayola con una avidez que me puso los pelos de punta. Había sacado todos los

muebles de la estancia, la cual presentaba ahora un aspecto absolutamente desolado.

—¡Aún podemos salvarnos! —exclamó—. Pero tenemos que actuar rápidamente. Frank, hay una

escalera plegable en el vestíbulo. Tráela inmediatamente. Y ve a buscar también un cubo de agua.

—¿Para qué? —murmuré atónito.

Se volvió vivamente hacia mí y vi un relámpago de ira en sus ojos.

—¿Para qué va a ser, so bobo? ¡Para hacer la masa con la escayola! —gritó, fuera de sí—. Para

hacer la masa que nos salvará el cuerpo y el alma de una contaminación indecible. Para hacer la

masa que salvará al mundo de un peligro... ¡Frank, tenemos que cerrarles las puertas!

—¿A quiénes? —pregunté.

—¡A los Perros de Tíndalos! —exclamó—. Sólo pueden llegar hasta nosotros a través de

ángulos. ¡Eliminemos todos los ángulos de la habitación! Voy a poner escayola en todos los ángulos,

en todos los rincones, en todas las hendiduras. ¡La habitación quedará como el interior de una esfera!

Habría sido inútil discutir con él. Le llevé la escalera. Chalmers mezcló la escayola con el agua y

estuvimos trabajando durante tres horas. Tapamos las cuatro esquinas de la pared y también las

intersecciones de ésta con el suelo y el techo. Por último, redondeamos los duros ángulos de la

ventana.

—Ahora me quedaré en esta habitación hasta que se vayan —dijo Chalmers cuando hubimos

dado fin a la tarea—. Al darse cuenta que el olor que siguen les obliga a atravesar curvas, se

volverán. Se volverán, hambrientos, frustrados, insatisfechos, al plano de impureza de donde

proceden, anterior al tiempo y más allá del espacio.

Sonrió afablemente y encendió un cigarrillo.

—Te agradezco mucho que hayas venido.

—¿Sigue usted sin querer ver a un médico? —rogué.

—Quizá mañana —repuso—. Ahora tengo que vigilar y esperar.

—¿Esperar qué? —apremié.

Chalmers sonrió débilmente.

—Crees que estoy loco —dijo—; me doy cuenta perfectamente. Eres inteligente, pero también

eres muy prosaico y no puedes concebir la existencia de ninguna entidad independiente de toda

energía y de toda materia. Pero, mi querido amigo, ¿se te ha ocurrido pensar alguna vez que la

energía y la materia son las barreras que el tiempo y el espacio imponen a nuestra percepción?

Sabiendo, como yo sé, que el tiempo y el espacio son lo mismo y que son engañosos porque ambos

no son sino manifestaciones imperfectas de una realidad superior, no tiene sentido buscar en el

mundo visible ninguna explicación del misterio y del terror del ser.

Me levanté y me fui hacia la puerta.

—Perdona —exclamó—. No he querido ofenderte. Tienes una gran inteligencia, pero yo tengo

una inteligencia sobrehumana. Es natural que yo sea consciente de tus limitaciones.

—Telefonéeme si me necesita —dije, y bajé las escaleras de dos en dos—. «Ahora sí que le envío

a mi médico —me iba diciendo a mí mismo—. Está loco de remate y sabe Dios lo que puede pasar

si no se ocupa alguien inmediatamente de él.»



III

Resumen de dos artículos publicados en la Patridgeville Gazette del 3 de julio de 1928:

TEMBLOR DE TIERRA EN EL CENTRO DE LA CIUDAD

A los dos de la madrugada de hoy, un violento terremoto ha hecho temblar los barrios céntricos de la

ciudad, rompiendo varias ventanas en Central Square y causando graves daños en el tendido

eléctrico y en las instalaciones de la red tranviaria. En los barrios periféricos también fue observado

el fenómeno resultando completamente derruido el campanario de la iglesia bautista de Angell Hill,

que había sido diseñado por Christopher Wren en 1717. Los bomberos luchan por apagar el incendio

que se ha declarado en los galpones de la fábrica de neumáticos. El alcalde ha prometido abrir un

expediente a fin de determinar responsabilidades si las hubiere.

ESCRITOR OCULTISTA ASESINADO POR VISITANTE DESCONOCIDO

Horrible Crimen en Central Square

Un misterio impenetrable envuelve la muerte de Halpin Chalmers

A las nueve horas del día de hoy fue hallado el cuerpo sin vida de Halpin Chalmers, escritor y

periodista, en una habitación vacía situada encima de la Joyería Smithwich & Isaacs, en el número

24 de Central Square. La investigación judicial puso de manifiesto que dicha habitación había sido

alquilada amueblada al señor Chalmers el día 1° de mayo último y que el propio inquilino se había

deshecho de los muebles hace quince días. El señor Chalmers era autor de varios libros sobre temas

de ocultismo. Pertenecía a la Asociación Bibliográfica y anteriormente había residido en Brooklyn

(Nueva York).

A las siete de la mañana, el señor L. E. Hancock, inquilino del apartamento situado frente al de

Chalmers en el edificio de Smithwich & Isaacs, sintió un olor especial al abrir la puerta para dejar

entrar a su gato y recoger la edición matinal de la Patridgeville Gazette. El olor, según afirma, era

extremadamente acre y nauseabundo, y tan intenso en las proximidades de la puerta de Chalmers que

tuvo que taparse la nariz cuando se aventuró por dicha zona del rellano.

Estaba a punto de regresar a su propio apartamento cuando se le ocurrió que acaso Chalmers se

hubiera olvidado de apagar el gas de su cocina. Considerablemente alarmado por esta posibilidad,

decidió investigar lo sucedido y, comoquiera que nadie contestase sus repetidas llamados a la puerta

de Chalmers, avisó al encargado del edificio. Este último abrió la puerta mediante una llave maestra

y ambos penetraron en la habitación de Chalmers. La estancia estaba totalmente desprovista de

mobiliario y Hancock asegura que, al ver lo que había en el suelo, se sintió enfermo, teniendo que

permanecer el encargado y él asomados un rato a la ventana sin mirar atrás.

Chalmers yacía boca arriba en el centro de la habitación. Estaba completamente desnudo y tenía

el pecho y los brazos cubiertos de una especie de gelatina azulada. La cabeza, totalmente separada

del tronco, reposaba sobre el pecho y sus facciones aparecían horriblemente retorcidas y mutiladas.

No había ni rastro de sangre.

La habitación presentaba un aspecto insólito. Todas las aristas habían sido cubiertas de escayola,

que en algunos sectores se había agrietado y en otros, desprendido. Los fragmentos de escayola

caídos habían sido agrupados en torno al cadáver, formando un triángulo perfecto.

Junto al cuerpo se hallaron varias hojas de papel amarillo casi enteramente consumidas por el

fuego. En ellas habían dibujados varios símbolos fantásticos y extrañas figuras geométricas y podían

leerse diversas frases escritas apresuradamente a mano. Dichas frases, sin embargo, son tan absurdas

que no proporcionan la menor pista sobre el posible autor del crimen. He aquí algunas de tales

frases: «Vigilo y espero. Estoy sentado junto a la ventana y vigilo las paredes y el techo. No creo que

lleguen hasta aquí, pero debo tener cuidado con los Doels porque acaso puedan ayudarles a pasar.

También los ayudarán los Sátiros y éstos pueden avanzar a través de los círculos purpúreos. Los

griegos sabían cómo impedirlo. Es lamentable que hayamos olvidado tantas cosas...»

En otro papel, en el más quemado de los siete u ocho fragmentos recogidos por el Sargento

Detective Douglas (de la Policía de Patridgeville), había garrapateado lo siguiente:

«¡La escayola se cae! La ha agrietado una vibración terrible. ¡Un terremoto parece! No podía

preverlo. Se va yendo la luz de la habitación. Telefonearé a Frank. Pero, ¿llegará a tiempo? Debo

intentarlo. Recitaré la fórmula de Einstein. Voy a... ¡Rompen! ¡Están pasando! ¡Consiguen atravesar!

Sale humo de las esquinas de la pared..., sus lenguas.»

A juicio del Sargento Detective Douglas, Chalmers ha muerto envenenado por algún desconocido

producto químico. La policía ha enviado muestras de la extraña gelatina azul que cubría el cuerpo de

Chalmers al Laboratorio Químico de Patridgeville y confía en que el informe correspondiente arroje

alguna luz sobre este crimen, el más misterioso de los últimos años. Se sabe que Chalmers tuvo un

visitante la noche anterior al terremoto, pues su vecino oyó sin lugar a dudas, al pasar ante su puerta,

rumor de conversación. El principal sospechoso es, pues, este desconocido visitante, cuya identidad

la Policía se esfuerza afanosamente por averiguar.



IV

Informe del doctor James Morton, químico y bacteriólogo:

«Señor Juez de Instrucción: la sustancia semilíquida que usted me remitió para su

estudio es la más extraña que he analizado en mi vida. Presenta ciertas analogías con el

protoplasma, pero en ella no se encuentran ni aun indicios de enzimas. Las enzimas son

catalizadores de las reacciones químicas que se producen en el seno de la célula viva.

Cuando las células mueren, las enzimas las desintegran mediante hidrólisis. Sin

enzimas, el protoplasma poseería una vitalidad prácticamente infinita, es decir, sería

inmortal. Las enzimas, por así decir, son los elementos negativos del organismo

unicelular, que constituye la base de la vida, y, en opinión de los biólogos, sin ellas no

puede existir materia viva. Y, sin embargo, tales cuerpos indispensables se hallan

ausentes de la gelatina viva que usted me remitió. ¿Se da usted cuenta del significado

que puede tener este descubrimiento para la ciencia?»



V

Fragmento de un manuscrito titulado «Los que velan en silencio», original del fallecido Halpin

Chalmers:

«¿Y si existiese otra forma de vida paralela a la que conocemos, pero carente de los

elementos que destruyen la nuestra? ¿Y si en otra dimensión existe una fuerza diferente

de la que genera nuestra vida? ¿Y si esta fuerza emite una energía, que, procedente de su

dimensión desconocida, consigue alcanzar nuestro espacio-tiempo y crear en él una

nueva forma de vida celular? Cierto es que no se puede demostrar que tal forma nueva

de vida exista en nuestro universo, pero yo he visto sus manifestaciones y he hablado

con ellas. De noche, en mi habitación, he hablado con los Doels. Y en mis sueños he

contemplado a su Creador. Lo he visto en lejanas riberas, más allá del tiempo y la

materia. Se mueve a través de curvas extrañas y de ángulos alucinantes. Algún día

viajaré en el tiempo y me enfrentaré con él cara a cara.»


F I N

Título Original: The Hounds of Tindalos © 1929.
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Re: Que opinan o piensan acerca de "otras dimensiones" ?

Mensaje por Drark el Mar Abr 07, 2015 10:53 am

Muchas gracias Indio... voy a leerlo seguro. Yo por mi parte creo que para esclarecer un poco más el tema en cuestión sería necesario dar una pequeña definición de "Dimensión". Entre la información que encontré en internet hubieron cosas interesantes. Dejo lo que dice en una página dedicada a definiciones:


Dimensión, del latín dimensio, es un aspecto o una faceta de algo. El concepto tiene diversos usos de acuerdo al contexto. Puede tratarse de una característica, una circunstancia o una fase de una cosa o de un asunto. Por ejemplo: “La dimensión política del problema es lo que más me preocupa”, “Creo que el diputado no logra entender el tratado en todas sus dimensiones”, “Los críticos destacaron la dimensión política de la película”.

La dimensión también puede ser el área, el volumen o la longitud de una superficie, un cuerpo o una línea: “Cuando falleció, mi padre me dejó un campo de grandes dimensiones en las afueras de la ciudad”, “Tenemos que comprar un nuevo sofá con las dimensiones apropiadas para que quepa en el espacio disponible del salón”, “El equipo nunca jugó en un estadio de estas dimensiones”.

La utilización del concepto de dimensión como medida de espacio o tamaño puede ser simbólica: “El atleta chileno regresó a su país después de conseguir un logro de dimensiones inéditas para el atletismo sudamericano”, “El caso de corrupción supuso un problema de dimensiones colosales para la política europea”, “No imaginaba una repercusión de semejante dimensión”.
Para la física, las dimensiones son las magnitudes de un conjunto que permiten definir un fenómeno. En el universo, se reconocen tres dimensiones espaciales y una dimensión temporal. Una persona puede moverse hacia adelante/atrás; arriba/abajo; izquierda/derecha; o combinando cualquiera de esos tres movimientos.
Se conoce como 3D (tres dimensiones) a la técnica que permite reproducir información visual tridimensional para crear una ilusión de profundidad en una imagen. Puede hablarse, de esta forma, de películas 3D, televisores 3D, etc.
(...)

Fuente: http://definicion.de/dimension/

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Re: Que opinan o piensan acerca de "otras dimensiones" ?

Mensaje por oniria el Mar Abr 07, 2015 11:58 am

En el área de las matemáticas no nos limitamos a trabajar en tres dimensiones. De hecho lo hacemos sin fijar un número concreto de dimensiones. Nosotros hablamos de "n" dimensiones, y todo lo que se pruebe o demuestre para "n" sirve para cualquier número que se fije posteriormente. Para los matemáticos no existe un número limitado de dimensiones. Pero ya se sabe que nosotros somos un poco "raritos". Very Happy
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Re: Que opinan o piensan acerca de "otras dimensiones" ?

Mensaje por Drark el Jue Abr 09, 2015 12:25 am

Gracias por tu aporte desde el punto de vista matemático. Que secreto sabrán los matemáticos que no se limitan en las dimensiones? O.O Muy inteligente de su parte. Era muy sabido que son inteligentes igual. xD

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Re: Que opinan o piensan acerca de "otras dimensiones" ?

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