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ANDREI CHIKATILO... ¡EL CHACAL Y CANÍBAL RUSO!

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ANDREI CHIKATILO... ¡EL CHACAL Y CANÍBAL RUSO!

Mensaje por Mysterio el Miér Abr 27, 2016 6:48 pm

ANDREI CHIKATILO... ¡EL CHACAL Y CANÍBAL RUSO!

Andrei Chikatilo, fue uno de los más sanguinarios asesinos en serie del mundo. Mató despiadadamente hasta 53 muchachas y muchachos jóvenes en Rusia desde 1982 hasta 1990. Fue muy conocido como el Hannibal Lecter soviético.
Nació en Ucrania el 16 de Octubre de 1936, en una pequeña aldea en tiempos de hambruna, cuando morían millones de personas cuyos cadáveres se amontonaban en las calles y campos.
Lo más cruel para el pequeño Andrei fue haber oído cómo su hermano Stepan había sido raptado y devorado.
Aunque no era un caso aislado en aquellos duros años treinta, el hecho marcaría notablemente al niño, quien se sentía en esos momentos más solo que nunca, de hecho no existe ningún documento que diga acerca del nacimiento o muerte de Stepan pero la manera en como su madre se los contaba hacia que la historia pareciera verídica.
En la escuela era muy introvertido, incapaz de aceptar su miopía, (sus primeros lentes los tuvo a los treinta años, y hasta los doce se orinó en la cama).
Siempre era burlado y humillado por sus compañeros. Cualquiera podía decirle lo que quisiera y él se limitaba a escuchar y a aguantar.
No es de extrañar que con el paso del tiempo, su alma se llenara con las lágrimas contenidas y con todas estas injurias.
A medida que iba creciendo, se hacía más tímido con las mujeres, hasta el punto de hacer fracasar su primer intento sexual, por eyacular en pocos segundos mientras abrazaba una chica, de ahí surgieron los primeros rumores de su impotencia.
Como todos los ciudadanos soviéticos, sirvió en el ejército y luego se dedicó a los estudios, obteniendo tres títulos: En lengua y literatura rusa, en ingeniería, y en marxismo leninismo.
En 1971, un diploma universitario le dio el grado de maestro.
Sentía una creciente atracción por las menores de 12 años, y se colaba en los dormitorios para poder verlas en ropa interior mientras se masturbaba con la mano dentro del bolsillo.
Más tarde, Chikatilo se refugió en el Comunismo, pero su gran fijación con el sistema político rayaba en la demencia.
A pesar de su problema, pudo encontrar una esposa, y aunque era incapaz de mantener una erección, sí podía eyacular.
Logró alcanzar en contadas ocasiones la suficiente erección para dejar embarazada a su esposa, pero no dejaba de pensar, que la naturaleza lo había castigado duramente, castrándolo al nacer.
Era un marido de carácter estable y muy trabajador, un padre que nunca levantaba la voz ante los hijos, todo un respetado miembro del partido comunista, que leía todos los periódicos y se mantenía al corriente de la actualidad.
Muy discreto, vivía con la rigurosa austeridad que le corresponde a un verdadero soviético.
En la escuela en la que trabajaba sus alumnos se reían de él, le apodaban “El ganso” porque sus largos hombros encorvados hacían que su cuello pareciera muy alargado, y porque lo tenían por tonto.
Él no hacía nada por remediarlo, tampoco cuando le empezaron a llamar un “maricón”, ni cuando le pegaban arrojándole una manta encima o cuando lo sacaban de las aulas a patadas.
Después de cierto tiempo, les adquirió tanto miedo a los chicos, que empezó a llevar un cuchillo a su trabajo.
El día 22 de diciembre de 1978, Chikatilo asesinó por primera vez a los 42 años de edad, cuando detuvo en la calle a una niña de 9 años de edad, y la convenció para que se fuera con él a una cabaña que poseía en las afueras de la ciudad.
Sabía como hablar a los niños, ya que él mismo había sido maestro y tenía a sus dos hijos. Una vez estando allí, la desvistió con violencia.
Accidentalmente, le hizo un rasguño del que brotó la sangre de inmediato, como un hilillo rojo y brillante.
Este hecho, que le propició una erección inmediata, estableció el vínculo fatal entre sangre y sexo.
Luego, sacó un cuchillo y se lo clavó a la niña en el estómago. Con cada puñalada notaba que se acercaba más al orgasmo, y no cesó de hacerlo hasta la eyaculación.
Chikatilo había intentado satisfacer su necesidad sexual movido por la esperanza de llegar a ser igual que los demás, pero no lo era.
Su flacidez viril y las burlas de las mujeres que se lo recordaban a cada momento, era mucho más de lo que podía esperar.
También se dio cuenta de que su placer no consistía en acariciar los genitales ajenos, sino en maltratarlos.
Dos días después de este crimen la policía encontró los restos de la niña en el río Grushovka, y muy cerca de la cabaña de Chikatilo, una gran mancha de sangre.
Los policías interrogaron al hombre, pero acabaron inculpando a otro agresor sexual, Alexander Kravchenko.
Chikatilo era por las grandes paradojas que marcaban sus actos, más dual que nunca. Era el típico marido sumiso y asexual. Hacía todo lo que su mujer le ordenaba.
Ella solía desear los ricos placeres del lecho con más frecuencia que él y eso los llevaba a muchas discusiones y a que ella le recordara en todo momento lo negligente y lo impotente que era.
Su acusación de haber molestado sexualmente a los estudiantes le costo el trabajo, pero gano uno nuevo en una fabrica en el que tenia que estar viajando constantemente.
Siempre se estaba moviendo para todos lados, lo cual le ayudaba a escoger sus nuevas víctimas.
Tres años pasarían antes de que Chikatilo asesinara por segunda vez, el día 3 de septiembre de 1981... Su segunda víctima fue Larisa Tkachenko de 17 años de edad.
La convenció para ir con él al bosque cercano y así tener relaciones sexuales, pero falló en el intento, por lo que ella se rió de él y esto lo enfureció.
Perdió el control... La estranguló y eyaculó sobre el cadáver, mordisqueo su garganta, le corto los senos y en su frenesí se comió los pezones.
Luego, comenzó a lanzar aullidos mientras bailaba una danza de guerra alrededor del cuerpo, dejó el cuerpo sin vida con un palo enterrado.
En esos momentos supo que volvería a matar.
Los dos primeros asesinatos de Chikatilo tuvieron cierto carácter fortuito. Es posible que, en ambos casos, sus intenciones fueran solamente de índole sexual.
Los gritos de terror le excitaban, pero era el asesinato en sí lo que presentaba para él el acto sexual supremo.
Su tercera víctima fue Lyuba Biryuk, la raptó de una villa, la acuchilló 40 veces en el bosque, y hasta le mutiló los ojos.
Esto se volvería algo común en todos sus asesinatos, la firma mortal de Chikatilo.
Chikatilo asesinó a otras 3 personas ese mismo año. Entre ellas se encontraba su primera víctima masculina, llamado Oleg Podzhivaev, de 9 años de edad.
El cuerpo no se encontró pero Chikatilo afirmó ser el responsable, y que le había arrancado los genitales.
La prensa estaba enloquecida con el asesino en serie. El modus operandi era siempre el mismo: Sus víctimas siempre se encontraban en los bosques, con indicios de violencia y sadomasoquismo, y en ocasiones les faltaban miembros. Eran niños, niñas y chicas jóvenes.
Entre ellos había muchos escapados de casa y hasta retrasados mentales que se dejaban convencer mucho más fácilmente.
En 1984 asesinó a más de 15 personas, mientras el tiempo entre sus asesinatos iba disminuyendo el número de víctimas iba en ascenso.
Chikatilo los elegía entre la multitud en estaciones ferroviarias y en paradas de autobús, y con algún pretexto, los convencía para que lo siguieran a alguna zona boscosa. Una vez allí les infligía numerosas puñaladas (entre treinta y cincuenta).
Casi todas las víctimas sufrían la mutilación de los ojos. A las adolescentes o chicas jóvenes les seccionaba los pechos o los pezones, ya fuera con sus afilados cuchillos o con los dientes.
El útero era extirpado con tal precisión que todos los médicos cirujanos de la provincia de Rostov pasaron a ser sospechosos en potencia.
Mientras las violaba, se enfurecía tanto por llegar tan rápidamente al orgasmo que les machacaba toda la cara, a golpes certeros.
Para ocultar su impotencia, a veces, con la ayuda de una ramita, colocaba el semen en la vagina de la víctima.
En el caso de los niños, los atacaba nada más hallarse a solas con ellos en el bosque: Un trancazo para aturdirlos con las manos atadas y unos cuantos golpes de cuchillo, poco profundos para establecer su dominio sobre ellos.
Posteriormente los mutilaba a mordiscos, les cortaba los genitales o solamente les extirpaba los testículos, que guardaba a modo de trofeo.
También les arrancaba los ojos de todas sus víctimas, quizás para evitar encontrarse con sus miradas.
En algunas ocasiones realizaba estas amputaciones cuando la víctima se hallaba aún con vida, aunque en la mayoría de las veces, no consciente.
En ninguno de los casos se encontraron las partes del cuerpo que seccionaba, en las cercanías de la escena del crimen. Además practicaba actos de canibalismo.
En sus declaraciones posteriores, Chikatilo confesó que le gustaba tragarse las partes del cuerpo más blanditas.
En 1981 trabajó como funcionario de abastecimiento de una fábrica, y esto le obligó a recorrer una buena parte de la región, por lo que le proporcionó la tapadera perfecta para cometer sus crímenes.
El Instituto Serbsky de Moscú diseñó el perfil de un hombre ostensiblemente normal, probablemente casado, con un trabajo regular, y por el esperma encontrado en los cuerpos de sus víctimas, se supo que su sangre era del grupo AB.
El 14 de septiembre de 1984, detuvieron a Chikatilo en el mercado de Rostov, pues en términos generales, él encajaba con la descripción del asesino, pero no pudieron demostrar nada más.
Chikatilo parecía un hombre respetable, y tras hacerle un análisis de sangre, ésta resultó ser de grupo A.
Enseguida fue puesto en libertad sin cargos. Por esas alturas, los archivos de la policía contenían datos de unos 26.500 sospechosos.
Cuando apareció el cadáver número 30 los periódicos empezaron a dar noticias del posible asesino en serie, quienes todos creían un retrasado mental, a pesar de que la policía no estaba de acuerdo.
Chikatilo fue acusado de haberse robado un rollo de linóleo de su oficina, siete meses después. Fue arrestado por comportamiento impropio en la estación de autobuses de Rostov, y fue sentenciado a 15 días en prisión.
La policía creía que él era el asesino. Compararon la sangre de Andrei Chikatilo con el semen encontrado en los cuerpos de las víctimas, e inexplicablemente no era el mismo tipo de sangre.
Fue sentenciado a un año en cárcel por el robo del linóleo pero el juez tuvo simpatía de él y lo liberó antes. El asesino estaba libre otra vez.
El 17 de octubre de 1990, él volvió a asesinar en un bosque cercano a la estación de Donlesjoz.
Este crimen absorbió a toda la policía local y a una fuerza anti disturbios de 100 hombres.
Pero dos semanas después, Chikatilo volvió a actuar, y ésta vez fueron unos 600 detectives los encargados de investigar a lo largo de la línea de los bosques, en dónde montaban guardia 3 o 4 oficiales en los lugares que eran más aislados.
El 6 de noviembre de 1990, uno de estos detectives, el sargento Igor Rybakov, vio surgir del bosque un hombre con traje y corbata.
Mientras observaba cómo éste se lavaba las manos en la fuente, advirtió que tenía un dedo vendado y una mejilla manchada de sangre. Le pidió los documentos y elevó un informe de rutina.
Cinco días después encontraban un nuevo cadáver en ese mismo lugar el cual estimaron que llevaba muerto más o menos una semana.
El homicida tenía que haber pasado por la estación, y el culpable no podía ser otro que el gran sospechoso del informe de Rybakov.
Lo arrestaron el día 20 de noviembre, con el cargo de haber asesinado a 36 víctimas, todos ellos mujeres y niños. Su esperma, aunque no su sangre, sí era AB.
El fiscal general de la provincia de Rosstov emitiría una orden de detención contra Chikatilo, efectiva a partir del 20 de noviembre de 1990.
Y ese mismo día, en efecto, fue retenido por la KGB, mientras éste con paso lento y senil decía "¿Cómo pueden hacerle esto a una persona de mi edad?".
En los interrogatorios, afirmó que simplemente era un ciudadano normal, que no había cometido ningún tipo de delito, y que era objeto de una persecución absurda por parte de la policía.
El 27 de noviembre prometió que estaba dispuesto a aportar pruebas de todos sus crímenes si no continuaban atosigándole con los interrogatorios que le recordaban los detalles, y dos días después se derrumbó ante un psicólogo a quién acabó confesando 53 asesinatos.
Posteriormente guió a los investigadores a todos los distintos lugares con la esperanza de que el número de muertes lo convirtiera en un buen “espécimen de estudio científico”.
Escribió una declaración firmada para el Fiscal General, que decía: “Me detuvieron el 20 de noviembre de 1990 y ha permanecido bajo custodia desde entonces.
“Quiero exponer mis sentimientos con sinceridad. Me hallo en un estado de profunda depresión, y reconozco que tengo impulsos sexuales perturbados, por eso he cometido ciertos actos.
“Anteriormente busqué ayuda psiquiátrica por mis dolores de cabeza, por la pérdida de memoria, el insomnio y los trastornos sexuales.
“Pero todos los tratamientos que me aplicaron o que yo puse en práctica no dieron resultados. Tengo esposa y dos hijos y sufro una debilidad sexual, impotencia.
“La gente se reía de mí porque yo no podía recordar nada. No me daba cuenta que me tocaba los genitales muy a menudo, y sólo me lo dijeron más tarde. Esto me hace sentir humillado.
“La gente siempre se burla de mí en el trabajo y en otras situaciones. Me he sentido muy degradado desde la infancia, y siempre he sufrido. En mi época escolar estaba hinchado a causa del hambre e iba vestido con harapos.
“Todo el mundo se metía mucho conmigo... En la escuela estudiaba con tanta intensidad que a veces perdía la conciencia y me desmayaba. Pues yo soy un graduado universitario.
“Quería demostrar mi gran valía en el trabajo y me entregué a él por completo. La gente me valoraba pero se aprovechaba de mi carácter débil. Ahora que soy mayor, el aspecto sexual no tiene tanta importancia para mí... Mis problemas son todos mentales (...)
“En los actos sexuales perversos experimentaba una especie de furor, una sensación de no tener freno. Yo no podía controlar mis actos.
“Desde mi niñez me he sentido insuficiente, tanto como hombre y como persona. Lo que hice no fue por el placer sexual, sino porque me proporcionaba cierta paz de mente y de alma durante largos periodos.
“Sobre todo después de contemplar todo tipo de películas sexuales. Lo que hice, lo hice después de mirar los vídeos de actos sexuales perversos, de crueldades y de muchos horrores”...
Lo que la policía dedujo de esta declaración, es que el asesino trataba de buscarse una posible salida alegando una enfermedad mental, toda una obsesión de tratamiento psiquiátrico.
Los psiquiatras del Instituto Serbsky, no obstante, lo veían como un sádico que no sufría ningún trastorno que pudiera impedirle ver que sus actos estaban mal, que eran actos premeditados.
Por esa razón, en octubre de 1991, dieron a conocer sus conclusiones, diagnosticando que el asesino estaba “legalmente cuerdo”.
El juicio de Andrei Chikatilo se iniciaba en abril de 1992, y duraría hasta octubre de ese mismo año. Éste, con la cabeza rasurada, presenció su juicio desde un cubículo de metal.
El primer día deleitó a los fotógrafos esgrimiendo una revista porno, pero más tarde, abatido, se quitó la ropa y meneó el pene gritando: “Fíjense que inutilidad, ¿Qué es lo que piensan que iba a hacer con esto?”.
Los jueces no dudaron en anunciar el veredicto al que habían llegado después de analizar todo el caso: El día 15 de octubre de 1992 fue sentenciado a la pena capital, y fue ejecutado en la prisión de Moscú, el día 16 de febrero de 1994...

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