¡EL COCHE MALDITO!

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¡EL COCHE MALDITO!

Mensaje por Mysterio el Vie Abr 29, 2016 7:47 pm

¡EL COCHE MALDITO EN EL QUE SE DESENCADENÓ LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL!

He aquí un insólito coche que solo ha traído muerte y desgracia a todos sus propietarios.
Se trata de una limusina fabricada en 1910 por la marca austriaca Graef und Stift y está considerada como uno de los más terroríficos y famosos autos malditos de la Historia.
El color rojo sangre de su pintura original, (Su siguiente dueño lo pintó de negro), parecía augurar un futuro de desgracia e infortunio para todo aquel que lo poseyera.
El 28 de junio de 1914, el archiduque Francisco Fernando y su esposa la archiduquesa Sophie, fueron asesinados a tiros por Gavrilo Princip, miembro del grupo radical ‘La joven Bosnia’, mientras iban en el coche maldito y con la capota bajada.
Este fue el evento que dio inicio a la Primera Guerra Mundial y las primeras muertes en las que el automóvil estuvo involucrado.
Todos los dueños de la insólita limusina han sido víctimas de la mala suerte. El General Portiorek fue el siguiente en poseer este fatídico coche.
Después de una derrota militar enorme y un amargo viaje a Viena, comenzó a tener problemas mentales, ya que la esquizofrenia lo fue dominando más y más, y murió en un manicomio, de un paro al corazón. Parecía haber visto algo horrible.
El nombre de la siguiente persona propietaria de este coche no se conoce. Todo lo que se sabe es que él era un capitán del ejército.
Un día mientras conducía el coche se encontró con dos campesinos que caminaban por la carretera frente a él.
Intentó esquivarlos y desviar la dirección del vehiculo, ello hizo que se saliera de la carretera y chocara contra un árbol.
Los tres murieron en el accidente.
Una vez que fue reparado y pintado, el coche pasó a manos del gobernador de Yugoslavia.
Durante el tiempo que lo tuvo, sufrió cuatro accidentes distintos, en uno de los cuales perdió el brazo.
Llegó a la conclusión de que el coche traía mala suerte y su amigo el doctor Srikis se lo compró a la vez que se rió de las ‘ideas locas de su amigo’.
A los seis meses de la compra, el doctor Srikis murió en una volcadura cuando manejaba el auto.
Posteriormente, vuelto a reparar, fue adquirido por Simon Mantharides, un joyero coleccionista de antigüedades para agregarlo a su colección.
No perdió la vida en el volante, pero se suicidó seis meses después por causas desconocidas.
La limusina pasó a manos de otro coleccionista.
Se trataba de un médico y, al parecer, comenzó a perder pacientes y a tener problemas económicos cada vez más graves. Por ese motivo lo puso pronto en venta, pero la bancarrota fue inminente.
A los dos meses, el coche fue comprado por un corredor de autos suizo nada supersticioso.
Quería probar que aquel lujoso modelo no era el portador de ninguna maldición. Tardó pocos días en morir en carretera .
La historia más curiosa de este caso es la de un rico terrateniente residente en Sarajevo.
Un día, mientras paseaba manejando su nueva adquisición, la limusina se quedó parada sin motivo aparente.
Cuando estaban atándolo a un carro de bueyes para transportarlo al taller, aquel vehículo infernal se puso en marcha súbitamente, atropelló a su dueño y cayó por un barranco.
Pero todo esto no termina aquí… Aún estando destrozado, otro hombre llamado Tiber Hirshfield, propietario de un negocio de vehículos de alquiler, lo adquirió, lo restauró y lo pintó de azul.
Quizá esperaba que el cambio de color acabara con sus ‘instintos asesinos’. No fue así.
Las características de este modelo austriaco lo convertían en el coche perfecto de una boda.
La primera vez que fue utilizado para este fin, trató de pasar una larga fila de coches cuando el coche misteriosamente se salió de control y se fue a estrellar contra un muro.
Cuatro de los cinco murieron en el accidente. Hirshfield, hacia las veces de chofer, fue su último dueño en fallecer.
¿Cree el lector que ahí acabó todo?...
Este coche maldito e insólito está expuesto en el “Heereschichtliches Museo de Viena” donde los que hacen la limpieza no se acercan a él y lo limpian con largas varas que tienen en la punta un mechudo para sacudir.
Extrañamente, el Museo parecía tener un imán para las bombas aliadas en la II Guerra Mundial, ya que la mayor parte de la colección fue arruinada en la contienda.
Casi toda, menos la limusina de los archiduques de Austria. Es un perfecto superviviente que bien podría compararse con un asesino en serie.
Sin duda un enigmático vehiculo que por suerte ve pasar el paso del tiempo dentro de las paredes del Museo.
Maldito o no, es mejor que se quede ahí para siempre…


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