EL FANTASMA DEL AEROPUERTO

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EL FANTASMA DEL AEROPUERTO

Mensaje por Mysterio el Miér Abr 27, 2016 2:10 pm

¿QUIEN VINO A DESPEDIRSE DE MI EN EL AEROPUERTO INTERNACIONAL DE LA CIUDAD DE MEXICO?

Este caso nos lo mandó Ernesto Martínez, quien vivió un hecho sobrenatural en un lugar muy concurrido y donde menos uno se pudiera imaginar que hubiera fantasmas.
Ernesto narró en primera persona, su odisea.
“El fin de semana, expresamente el sábado pasado, yo me encontraba entre mucha gente, en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, y eran como las siete de la noche.
“Me había traído conmigo a un amigo llamado Gonzalo. Me acompañó a recibir a una tía y a dos primos que fueron a pasar sus vacaciones a Costa Rica.
“Estábamos rodeados por la gran multitud que esperaba que pronto llegaran sus familiares. El vuelo donde venía mi tía Laura ya había llegado y solo era cosa de esperar un poco para que ella y sus hijos cruzaran las puertas aduaneras.
“Estaba platicando con Gonzalo cuando de pronto, una chica me tocó suavemente el hombro.
“Se trataba de una muchacha como de 17 años, muy bonita, blanca. Se aproximó a mí y me dio un beso en la mejilla, el cual correspondí. Estaba helada y me dijo que afuera hacía mucho frío.
“Se trataba de Estela, la hija menor de otra tía llamada Olga, a la que precisamente mi tía Laura había ido a ver a Costa Rica.
“Muy extrañado le pregunté qué era lo que hacía aquí en vez de estar en Costa Rica. Me dijo en pocas palabras que estaba en la Ciudad de México por sus estudios.
“Le pregunté el por qué no nos había avisado antes para ir a verla, para así ofrecerle hospedaje, y para atenderla en todas sus necesidades.
“Noté que se puso muy nerviosa y se disculpó con nosotros, diciéndonos que en un momento regresaba porque iba a arreglar un asunto, que no tardaba mucho para estar con nosotros y con mi tía Laura.
“Se alejó entre la gente, y Gonzalo me dijo: "¡Qué sobrina tan rara tienes!". Le dije que ella siempre había sido muy callada e introvertida.
“Cuando volteamos a verla, ya no la vimos por la multitud que iba y venía.
“Sonó mi celular y era mi primo Alfonso quien me dijo que ya iban a salir, solo que les estaban revisando sus maletas.
“Pronto, aparecieron mi tía y mis primos. Nos abrazamos y les presenté a Gonzalo. Noté que tanto ella y mis primos tenían semblantes muy tristes, y yo lo adjudiqué a lo pesado del viaje y al esperar mucho en las aduanas.
“Platicamos un breve rato y mi tía nos dijo: "Hay cosas que tengo qué decirte, pero no aquí. Vamonos a la casa.
Gonzalo me dijo: "¿Oye, Y no vamos a esperar a tu sobrina Estela?".
“Le dije a mi tía: "No sabíamos que Estela había venido a estudiar a México. ¿Por qué no me lo dijiste antes?"
“Notamos que ella y mis primos se pusieron pálidos. A mi tía le faltó el aire y Gonzalo la tomó de la cintura y la llevó a unos asientos que había al lado de los cajeros automáticos.
“Ella se puso a llorar. Yo estaba extrañadísimo y mis primos me miraron con cierto reproche. Les pregunté que si les habíamos dicho algo malo o inconveniente.
“Alfonso me contestó que estaba viendo la pena de mi tía y que yo no tenía ninguna consideración al hacerle esas bromitas tan pesadas.
“Gonzalo y yo nos miramos extrañados y nos quedamos con la boca abierta, incrédulos, cuando mi tía nos dijo entre sollozos que acababan de enterarse que Estela había fallecido hacía apenas una semana y que ellos estuvieron en su sepelio.
“A Gonzalo le salió un espontáneo: "¡Pero si la acabamos de ver hace un momento! ¡Vino con un vestido blanco y con suéter negro! ¡Es muy joven, blanca, y nos saludó diciéndonos que en un momento regresaba con nosotros!".
“Mis familiares no nos podían creer. Yo recalqué que Estela tenía una mirada de profunda tristeza y que me había extrañado el verla con su cabello suelto cuando mi sobrina era muy cuidadosa recogiéndoselo en un "chongo" o en una trenza.
“Gonzalo me comentó algo que me inquietó aún más… Me dijo que la había visto descalza, pero que no comentó nada por no apenarla.
“Mi tía estaba hecha un mar de lágrimas y me sentí mal.
“Otro de mis primos, Felipe, me dijo que en su ataúd, ella lucía un vestido blanco, suéter negro, y su cabello estaba suelto.
“El día que murió, se ahogó en una playa. Caminaba en la arena cuando una fuerte ola la jaló. La sacaron descalza porque sus zapatos nunca aparecieron.
“No pude evitar sentir un gran estremecimiento, lo confieso. En ésos momentos no sabía ni qué pensar... Pronto nos alejamos de ese lugar.
“Ya en la casa de mi tía, cenamos y más tarde salimos de ahí sin volver a tocar el tema. No tenía caso decir algo al respecto y la verdad era un asunto que nos dolía a todos, pero...
“Como dijo Gonzalo, suponiendo que fuera una alucinación, nos dio a los dos, y yo reconocí a Estela en esa muchacha.
“Decidimos dejar por el momento todo por la paz, porque si no fue Estela... ¿Qué, o quién fue aquello que vino a despedirse de mí en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México?...


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